Muralla Almohade en San Juan de Aznalfarache. Sevilla

Muralla  Almohade. En San Juan de Aznalfarache. Sevilla

Esta fortaleza que dio nombre al lugar, se construyó entre 1196 y 1197 por mandato del almohade Yacub Yufuf Almanzor utilizándose luego como residencia del rey-poeta Al-Mutamid, en la comarca del Aljarafe (que significa Paraíso o Jardín en alto).

Es posible que el rey poeta Al-Mutamid, (Ya que del mismo nombre hubo más de uno)  pasara temporadas en San Juan de Aznalfarache, ya que pese a no gustarle la guerra, debido a la cantidad de enemigos que tenía dentro y fuera de sus fronteras, ordenó restaurar las fortalezas romanas de la rivera del Guadalquivir y le gustaba pasar el estío fuera de Sevilla pero sin alejarse demasiado, de modo que un mensajero pudiera llevarle noticias de la capital y estar en el mismo día allí,  por si sus rivales pretendían derrocarlo en su ausencia, pero no construyó la actual muralla. Posiblemente, su fortaleza sería un reducto ubicado donde el Recinto de los Sagrados Corazones. Pidió ayuda al rey de Marruecos para derrotar a Alfonso VI y este se volvió contra él, conquistó Al Andalus y añadió a su corona. Por eso este rey murió preso y desterrado en África. Almutamid murió cien años antes de que se construyera la muralla de San Juan

Yusuf Almansur (Almanzor). Hijo de Abu Yucud Yusuf y nieto del Yusuf que desterró a Almutamid y que no tiene nada que ver con el auténtico Almanzor del que le pusieron su nombre, fue constructor de nuestra muralla. 

La Muralla es Almohade, de unos años antes de la conquista de Sevilla, por parte de Fernando III. Almutamid es de los tiempos del Cid Campeador.  Dejaron para la posteridad obras como la Giralda, la Torre del Oro y la Muralla de San Juan de Aznalfarache.

Los orígenes de San Juan de Aznalfarache. La fundación de este pueblo se remonta a una fabulosa antigüedad, pues se cree fue
una colonia fenicia. Los fenicios, habitantes de un país al occidente del Asia, navegando por el histórico Mediterráneo, llegaron a las costas orientales meridionales de la Península Ibérica; pueblo el más sabio de Ia antigüedad, en vez de consumir sus actividades en guerras sangrientas, conquistaban países para enseñar a la Humanidad los Inventos de que ellos eran autores. En sus incursiones al interior de los territorios,  establecían factorías o colonias a orillas de los grandes ríos, que les facilitaban medios para transportar sus  mercaderías.

En las márgenes del Guadalquivir, varios siglos antes de J. C., fundaron los fenicios este pueblo, que se llamó Osset, nombre que también se daba a la fértil región que comprendía varios pueblos ribereños, de los cuales, muchos años después, había de ser Obispo San Gregorio Ossetano, que padeció el martirio en Alcalá del Río. La Importancia de la antigua Osset creció en la época romana, en que recibió el nombre de Julia Constancia.

El historiador romano Plinio nos habla de una ciudad situada cerca de Híspalis, en la margen derecha del Guadalquivir, con datos que no dejan dudar que fuese la fenicia Osset. La ventajosa situación en un punto desde el cual podía verse la llegada de los barcos, la feracidad de este territorio, pródigo en viñedos, olivares y toda clase de frutos y su proximidad a la gran Híspalis, hicieron crecer el poderío de Julia Constancia durante la dominación romana, como lo demuestran los muchos vestigios de cerámica ánforas. lacrimatorios, urnas, etc. que se descubren en las excavaciones para cimentar casas. Acuñó monedas de cobre y plata, que ostentaba en el anverso una cabeza varonil y en el reverso un hombre desnudo con un gran racimo de uvas en la mano, figurando un
vendimiador, como emblema de la abundancia de viñas en su territorio. Dichas monedas de las que aún existen algunas tienen esta inscripción: "Julia Constancia - colonia Osset “.

La prosperidad de Aznalfarache llegó a su mayor apogeo durante la invasión musulmana. Eran los árabes excelentes agricultores y sacaron no poco partido de estas feracísimas tierras; poblose el Aljarafe de molinos de aceite, de huertos floridos y de dilatados naranjales. Entonces cambió su nombre romano de Julia Constancia por el Hans-al-haraf, que significa “El Castillo del Huerto", de donde se derivó Aznalfarache y también se llamó Medina Alfaraggio; el sobrenombre de San Juan lo tomó porque después de la conquista de Sevilla perteneció a los caballeros de la Orden militar de San Juan de Jerusalén. No sólo era Aznalfarache una Atalaya desde donde se podía vigilar gran extensión de terreno, sino un maravilloso jardín o  lugar de recreo. Al rey árabe Almotamid le gustaba pasar aquí algunas horas de recreo y descanso; aquel rey poeta, soñador y desventurado que murió pobre y prisionero en África. Los alrededores de Sevilla debían ostentar una gran belleza pues cuenta un historiador árabe, que cuando Motamid abandonó la ciudad para ir al destierro en unión de su familia, volvióse a mirarla con gran pena y le pareció "una rosa abierta en medio de una
florida llanura".

Aquí nació el sabio Ebn-al-saká. Cuando el Santo rey Fernando III emprendió la conquista de Sevilla, hizo acampar sus huestes en los campos de Tablada y mandó que el gran Maestre de Santiago, don Pelayo Pérez Correa, estableciese su cuartel general entre Coria del Río y San Juan de Aznalfarache. Los árabes de este castillo se defendieron con gran bravura. "Los moros del castillo de Triana y los de Alfarache dieron mucho que hacer a los cristianos", dice un autor anónimo. Después de grandes esfuerzos, logró don Pelayo Correa reducirlos a la obediencia, pasando a cuchillo a los principales. Muy importante debió ser este castillo cuando en las capitulaciones pidieron los moros a San Fernando que les dejase las fortalezas de Aznalfarache, Niebla y Sanlúcar, como así les fue concedido.

 

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